Homo Plasticus

Por: Arnaldo Arancibia Ramognini

Académico de la Facultad de Ingeniería, Negocios y Ciencia Agroambientales

Universidad Viña del Mar (UVM)

¿Qué tienen en común las celebraciones de Halloween, Navidad, Año Nuevo, San Valentín y Pascua de Resurrección? Es que no solo auguran entretenidos y buenos momentos en familia o con amigos, sino que todos culminan con contenedores de residuos rebosantes de diferentes tipos de merchandising y productos asociados a estas celebraciones. Y esto pensando en el escenario menos malo, confiando en que todo lo que usamos para decorar, disfrazarnos o consumir, llegue a un contenedor, pues lamentablemente muchos de estos residuos quedan en libertad contaminando cualquier espacio disponible.

Todo lo anterior sin considerar la huella de carbono y huella hídrica que hay detrás de la producción y transporte de estos productos que hace 10 o 20 años atrás no necesitábamos.

Hace pocas semanas estuvo en discusión en la comisión de medio ambiente de la Cámara de Diputados de Chile, una modificación de la Ley 21.368 la cual regula la entrega de plásticos de un solo uso, buscando la prohibición absoluta de los mismos por el continuo daño al medio ambiente. El objetivo inicial de esta modificación es lograr lo que la ley no ha podido, que es disminuir la creciente generación de residuos plásticos. Hasta ahora, esto se ha manifestado como un problema de contaminación ambiental, de basura en vertederos y rellenos sanitarios, y finalmente de plásticos, microplásticos y nanoplásticos en prácticamente todos los ecosistemas del planeta. Ha sido tanta la invasión de los residuos sintéticos, que se está estudiando cómo estos están ingresando en las cadenas tróficas, llegando a consumidores finales como el hombre. Ya no solo estamos a merced de la bioacumulación de metales pesados, sino que también de estos polímeros con una alta carga de contaminantes químicos con inquietantes consecuencias para los procesos metabólicos de los seres vivos y del hombre. 

Como consecuencia de este proceso se habla ya de una nueva especie, el Homo Plasticus, queriendo con esta denominación señalar cómo se estarían integrando a los procesos metabólicos estos polímeros, con todos los riesgos que esto puede implicar. Pero esto no sería el único riesgo inmediato, sino también estaría el consumir, por ejemplo, productos cárnicos con componentes de microplásticos o nanoplásticos.

Es sabido que, al someter compuestos plásticos a altas temperaturas, estos forman sustancias altamente tóxicas y cancerígenas como dioxinas e hidrocarburos aromáticos policíclicos.  Prepararnos un pescado frito ya no parecerá tan saludable para nuestra dieta. Entonces, ¿cuál es el camino que debemos seguir como país para disminuir este nuevo y alarmante riesgo ambiental? ¿Prohibir la importación de plásticos de un solo uso? ¿cuáles son las mejores alternativas de reemplazo? ¿hace cuánto tiempo que no disponemos de envases de vidrio en bebidas o yogures por dar un pequeño ejemplo?

Los verdaderos cambios los genera el consumidor, son ellos quienes tienen la capacidad de provocar que la industria modifique su oferta. Y para ello, se necesita un consumidor informado, consciente y antes que todo, educado.