Las paradojas de la participación y la invisibilización de lo comunitario en Chile
Por: Mario Catalán Catalán, Docente de la carrera de Trabajo Social, Universidad Viña del Mar
“El concepto de “participación” ha tenido un uso e incluso una explotación abusiva indistinta en el lenguaje común, académico y técnico-profesional, particularmente, y cómo no, si cuando se le acompaña de un adjetivo como “social”, “ciudadana”, “política”, “cívica”, “comunitaria” o “económica” se refiere a ámbitos distintos pero relacionados entre sí. Esto ha dificultado la comprensión y abordaje de los procesos de organización comunitaria desde la intervención social y por ende de la política pública. No obstante, sí partimos de su denotación básica como “tomar parte en algo” (RAE, 2025) podemos inferir que es un proceso complejo determinado tanto por variables individuales como estructurales de la realidad social.
En este contexto, el Estado de Chile, a través de la Ley 20.500 ha propiciado y fortalecido la participación ciudadana al reconocer el derecho de la ciudadanía a participar en las políticas públicas, así como vincular la sociedad civil a través de instrumentos que los organismos públicos deben generar a nivel local, regional y nacional. ¿Cómo se hace eso? A través de mecanismos tales como el acceso a información relevante, consultas ciudadanas, cuentas públicas participativas, Consejos de la Sociedad Civil (COSOC). ¿Cómo se implementa esta área?, De los 207 ministerios y servicios consultados (tasa de respuesta 91%), el 76% de los organismos declararon tener un área de participación ciudadana (Cuenta de Participación Ciudadana, 2022).
Particularmente, ¿Quiénes participan en los COSOC? Las organizaciones de la sociedad civil: juntas de vecinos, organizaciones sin fines de lucro, instituciones académicas, y centros de estudios. No obstante, el 40% de la población ha participado alguna vez en alguna organización de este tipo (Índice de Valoración Social en Chile, 2016) así como el 47,7% de las personas ha escuchado hablar de las Organizaciones de la Sociedad Civil (Instituto UNAB de Políticas Públicas, 2023). Esto, según algunos, refleja un fenómeno de desafección política (Lechner, 2000), donde se toma distancia del sistema político, mostrando desinterés, apatía o desvinculación con los partidos e instituciones, lo que ha generado que la participación electoral y cívica sea del 86% en el año 2022 (Servel, 2025). ¿Cómo será este año? pronto lo sabremos. ¿Cómo podría aumentar? A través de fortalecer la participación comunitaria como forma primordial de organización lo que impactará en la participación ciudadana.
La participación ciudadana no logra visibilizar las dinámicas y alcances de la participación comunitaria, que se refiere a la inclusión efectiva de las personas que conforman una comunidad en la toma de decisiones y el abordaje de las situaciones que le afectan directamente en el ámbito comunitario. Pero ¿quiénes son la comunidad? Los conjuntos de personas que conforman grupos a través de los cuales se construye cultura común, sentido de pertenencia, interrelaciones (redes sociales) en un territorio determinado (físico o virtual). Entonces, ¿cómo se desarrollan esos vínculos y relaciones? A través de la organización, establecimiento de vínculos y relaciones, y de la participación de las personas en un contexto situado territorialmente. La paradoja es que se fortalece la participación ciudadana. ¿Qué pasa entonces con el fortalecimiento de la participación comunitaria? Este es el desafío de Chile considerando la historia reciente de nuestro país asociadas a las expresiones colectivas emergidas en dictadura, como también las últimas expresiones de movimientos estudiantiles (2006, 2008, 2011, 2012, 2015, 2016, 2018, 2022) o el estallido social (2019), entre otros en el ámbito territorial, ambiental, de vivienda, etc”.
